info@dufour.uy

  • Ruta 105 km 20.600, Dolores - Soriano
  • (+598) 4530 4379
Una acción rápida puede ayudar a los paí­ses en desarrollo a limitar los daí±os económicos de la
16 Mar, 20

Una acción rápida puede ayudar a los paí­ses en desarrollo a limitar los daí±os económicos de la

Publicado el 16 de marzo de 2020

El brote de la nueva enfermedad por coronavirus (COVID-19) ha causado ya un alto costo en vidas humanas y se reconoce por lo que es, una 

A partir de experiencias pasadas, sabemos que una acción firme, coordinada y rápida marca la diferencia cuando la economí­a mundial enfrenta una amenaza comíºn.  Eso está empezando a ocurrir. Diversos paí­ses han anunciado programas de estí­mulos, varios han reducido las tasas de interés y tanto el Grupo Banco Mundial como el Fondo Monetario Internacional (i) han dado a conocer grandes paquetes de asistencia financiera para ayudar a los paí­ses a afrontar la crisis sanitaria y limitar los perjuicios económicos.

En las próximas semanas, todos los paí­ses deberán tomar medidas de polí­ticas concretas para proteger a sus poblaciones y reducir los daí±os a sus economí­as.

Sin embargo, lo que viene será crucial: en las próximas semanas, todos los paí­ses —incluso aquellos que no tienen ningíºn paciente con la enfermedad por coronavirus— deberán tomar medidas de polí­ticas concretas para proteger a sus poblaciones y reducir los daí±os a sus economí­as.

Nadie puede predecir de manera fiable el impacto económico total. Demasiado depende de cosas que son imposibles de saber, como la duración del brote, la cantidad exacta de paí­ses afectados y la magnitud de la movilización y mantención de una respuesta normativa rápida, coordinada y concertada. Pero sí­ sabemos que el brote se manifestó en un momento en que la economí­a mundial estaba débil, cuando el crecimiento global empezaba a recuperarse de su tasa más baja (i) desde la crisis financiera de 2009.

Esto tiene consecuencias preocupantes para los paí­ses en desarrollo: condiciones más estrictas de los créditos, un crecimiento más débil y el desví­o de recursos píºblicos para combatir el brote podrí­a disminuir los fondos disponibles para prioridades de desarrollo fundamentales. Una recesión económica podrí­a afectar también la lucha contra la pobreza extrema. Es imprescindible, por lo tanto, que los encargados de formular las polí­ticas en todas partes reconozcan de qué manera los daí±os económicos se pueden traspasar de un paí­s a otro, y actíºen rápidamente para prevenir que se propaguen.

Es probable que ese traspaso se produzca a través de diversas ví­as. La primera es el comercio: las cadenas de valor mundiales, que representan alrededor de la mitad del comercio mundial (i), se ven interrumpidas por cierres de fábricas y retrasos en la reanudación de las operaciones. La segunda son los flujos financieros externos, que se podrí­an retirar de los paí­ses afectados por esta enfermedad. La tercera es el capital nacional —tanto humano como financiero— que está empezando a ser desaprovechado a medida que las fábricas están inactivas y las personas permanecen en sus hogares. La cuarta es el transporte y el turismo, una importante fuente de ingresos para numerosos paí­ses en desarrollo (i) que está disminuyendo con la baja de la demanda y el aumento de las restricciones para viajar. Por íºltimo, las bruscas caí­das de los precios de los productos básicos perjudicarán a los paí­ses en desarrollo que dependen de ellos para obtener ingresos que tanto necesitan.

Los Gobiernos deben evitar las polí­ticas proteccionistas, que podrí­an empeorar las alteraciones en las cadenas de valor mundiales y aumentar los ya elevados niveles de incertidumbre. Pero más importante aíºn, los Gobiernos deben evitar la restricción de las exportaciones de alimentos y productos médicos necesarios y, en cambio, trabajar juntos para apoyar una mayor producción y asegurar que los recursos lleguen a los lugares donde más se requieren.

Para hacer frente a estos desafí­os será necesaria la cooperación mundial. Los Gobiernos deben evitar las polí­ticas proteccionistas, que podrí­an empeorar las alteraciones en las cadenas de valor mundiales y aumentar los ya elevados niveles de incertidumbre. Pero más importante aíºn, los Gobiernos deben evitar la restricción de las exportaciones de alimentos y productos médicos necesarios y, en cambio, trabajar juntos para apoyar una mayor producción  y asegurar que los recursos lleguen a los lugares donde más se requieren. En el mediano plazo, y a medida que las condiciones económicas mejoren, la recomendación para los responsables de las polí­ticas es no mirar introspectivamente, sino incentivar a las empresas a mantener altos niveles de inventarios y a diversificar a sus proveedores para gestionar mejor los riesgos.

Además de la cooperación, será necesaria la asistencia internacional, particularmente para los paí­ses de ífrica al sur del Sahara que carecen de la infraestructura sanitaria que se requiere para frenar la pandemia. Y todos los paí­ses deben colaborar para aumentar la transparencia en la información sobre la propagación del brote, ya que el miedo y la desinformación puede aumentar sus impactos económicos. 

Por su parte, los paí­ses en desarrollo deben actuar rápidamente para:

  • Aumentar el gasto en salud: en muchos paí­ses en desarrollo, los sistemas de salud píºblica siguen siendo débiles, haciendo que sus poblaciones sean vulnerables a la rápida propagación del brote. Los Gobiernos deben incrementar las inversiones que refuercen estos sistemas para permitir programas de tratamiento y control más rápidos.
  • Fortalecer las redes de protección social: las transferencias de efectivo y los servicios médicos gratuitos para las personas más vulnerables podrí­an ayudar a frenar el brote y también a limitar los daí±os financieros derivados de este.
  • Apoyar al sector privado: dado que es probable que empresas de todo tipo se vean afectadas, serí­a beneficioso que estas tengan acceso a créditos, reducciones de impuestos o subsidios de corto plazo.
  • Contrarrestar las alteraciones de los mercados financieros: los bancos centrales en los paí­ses en desarrollo —en particular aquellos que son susceptibles a periodos de aversión al riesgo— deben estar preparados para reaccionar a movimientos de los mercados financieros incontrolados. Tal vez necesiten bajar las tasas de interés e inyectar liquidez para restablecer la estabilidad financiera y aumentar el crecimiento.

Los responsables de las polí­ticas enfrentan tiempos difí­ciles y deben estar a la altura de las circunstancias, actuando de manera rápida, firme y colaborativa.

El Grupo Banco Mundial está desempeí±ando una función clave para ayudar a los paí­ses en desarrollo a adoptar las medidas necesarias en estas esferas. Con nuestro paquete inicial acelerado por un monto de USD 12 000 millones proporcionaremos apoyo inmediato para los esfuerzos de los paí­ses en desarrollo dirigidos a fortalecer los sistemas sanitarios y minimizar los daí±os a las personas y las economí­as. Dependiendo de la duración y la gravedad de la pandemia, estaremos preparados para poner en marcha una segunda fase de asistencia, con un mayor énfasis en los impactos sociales y económicos.

Con el paquete se moviliza un conjunto completo de nuestras capacidades —provenientes del Banco, la Asociación Internacional de Fomento (AIF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC)— para limitar los daí±os tan pronto como sea posible. IFC, por ejemplo, está trabajando con los bancos comerciales a fin de aumentar el financiamiento del comercio y el capital de trabajo para las empresas. También apoyará directamente a sus clientes corporativos, concentrándose en sectores estratégicos, como el equipamiento médico y los productos farmacéuticos, para mantener las cadenas de suministro y reducir los riesgos de deterioro de la situación.

A pesar de las turbulencias en los mercados financieros, los encargados de formular las polí­ticas deben mantener la calma. Deben utilizar todos los instrumentos normativos que tienen a su disposición, entre ellos las polí­ticas monetarias, fiscales, comerciales y de inversión, para aumentar la confianza. Durante la íºltima crisis financiera mundial, la respuesta normativa coordinada y sincronizada fue crucial para controlar dicha crisis. Una vez más, los responsables de las polí­ticas enfrentan tiempos difí­ciles y deben estar a la altura de las circunstancias, actuando de manera rápida, firme y colaborativa. 


Fuente: Banco Mundial Blog - https://blogs.worldbank.org/es/voces/abordando-el-impacto-economico-del-coronavirus?cid=ECR_E_NewsletterWeekly_ES_EXT&deliveryName=DM56866